10 de julio de 2010

Logo de la librería Bluestockings

Callejeando por mi barrio, quiso la casualidad que me topara con Bluestockings, Radical Books. En su sección de Novela Gráfica, bajo el amparo de un triste ventilador y a punto de desfallecer por el calor, encontré este librillo de aparente inocencia. Ojeé rápido y algo debí detectar porque sin pensarlo dos veces, pagué y salí huyendo a mi horno particular.
Ya en casa y con la brisilla nocturna comencé a darme cuenta de lo que tenía entre manos… ¿¿pero quién demonios es este Gabby Schulz??
Bajo el alias de Ken Dahl, este hawaiiano treintañero es mi dios a partir de ahora mismo. Welcome to the Dahl House es la recopilación de sus distintas historias publicadas anteriormente en zines autoeditados, lo típico en este mundillo hasta que por fin ocurre y publicas tu primera novela. En este caso fue en otoño de 2009 y se titula Monsters (auguro que será mi próxima adquisición).


¿Porqué tanta emoción? Pues muy fácil, porque me parto de risa leyéndolo. No sólo sus dibujos son increíbles, sino que las historias son las que yo desearía contar. ¡Es justo lo que quiero leer! Tiene un sentido del humor inteligente, moderno y las anécdotas son entretenidas pero con trasfondo de crítica social. Parece fácil, ¿eh? Pues garantizo que no lo es...


Sus personajes son en cierta forma feos y loosers pero al final de la historia, te has identificado con ellos plenamente. En definitiva, me gusta el todo y las partes. Escribir un buen cómic es tremendamente complicado pero después de leer a autores con los que de verdad conectas, hace que quiera intentarlo una y otra vez.

Otto Dix


Compensando lo caros que son la mayoría de los museos, existen unas míseras horas gratis a la semana para todos aquellos amantes del arte que nos arruinaríamos si tuviéramos que pagar en cada exposición. No sé si a propósito o no, este acto de generosidad común a casi todos los museos de Nyc coincide en día y hora, así que o vienes por mucho tiempo, o al final, renuncias a la mayoría y acabas pagando. Por suerte, el único museo donde realmente acabas planteándote abonar entrada es el MOMA, donde la cola es tan larga y cansina, y una vez dentro hay tanta gente que al final u olvidas a qué habías venido o te crees dentro de una disco de moda (¿¿sigue habiendo discos?? ¿¿Clubs...??)
.

Por suerte no fue el caso de la Neue Galerie. Llegué puntual a mi cita, viernes a las 6 (las horas gratuitas suelen ser de 6 a 8, así que como la cola sea muy lenta, no te da tiempo ni a entrar). Pero la espera fue rápida y pude ver toda la galería tranquilamente.

Este espacio, situado en la milla de los museos (frente al Met), está dedicado al arte y diseño alemán y austríaco de comienzos del siglo XX. Se trata de un museo joven creado en 2001 por dos viejos amigos y grandes coleccionistas de arte alemán.
La colección es exquisita: reúne piezas de los artistas más representativos de la Viena de 1900 (Klimt, Egon Schiele, Oscar Kokoschka, entre otros), así como de las artes decorativas de la época (Hoffmann, Moser, etc). Por otra parte muestra obras de los pintores que protagonizaron los distintos movimientos alemanes de principios de siglo (Blaue Reiter, the Brücke, the Bauhaus, …) con Beckmann, Kirchner, Kandinsky, Klee, Franz Marc, Münter y Brauer.
Con todo, la colección propia de la galería es pequeña, por lo que basa su peso en las exposiciones itinerantes del momento. En este caso una dedicada a Otto Dix. La mayor ofrecida a este pintor en Norteamérica.

Foto del guapísimo Otto Dix (1891-1969). ¡Basta de tanta intelectualidad!

Observar la obra de Otto Dix es el equivalente a un viaje en el tiempo. Resulta fácil transportarse a la República de Weimar, época de entreguerras donde entre las contradicciones e inestabilidades políticas y económicas, eclosionó una corta pero intensa edad de oro del arte y la cultura, los llamados “años dorados”. La muestra incluye las obras de los años 20, así como su trabajo posterior y producido en el Tercer Reich, dividiendo la producción en cuatro temas:
una primera parte con las obras inspiradas en la I Guerra Mundial, para las que el pintor se basa en su propia experiencia traumática como soldado. La segunda parte, Retratos. La tercera, Sexualidad y la cuarta, pintura Religiosa y Alegórica.

Sylvia von Harden

Dix es el máximo representante de la Nueva Objetividad junto con Grosz, movimiento que surge en la Alemania de los años 20 como rechazo al expresionismo y que finaliza con la caída de la República de Weimar. Su propósito es mostrar un realismo tan minucioso, que éste acaba distorsionando las apariencias hasta enfatizar lo feo. Las obras de Dix son crudas, ásperas, directas, terriblemente provocativas pero de fondo siempre satírico.

Anita Berber

Comparte con otros pintores del mismo movimiento componentes de intención reivindicativa y social. Sin embargo, en su caso son características las escenas urbanas protagonizadas por personajes patéticos (asesinos, lisiados, mendigos, prostitutas y como no, burgueses) que muestran los males de la sociedad.

Invalides de Guerre Jouant aux Cartes, 1920

Combatió en la I Guerra Mundial, donde el horror será el protagonista de las obras de la época. Una visión fría que nos recuerda los metódicos horrores de la guerra y las matanzas que presenció. Soberbios sus dibujos sobre la guerra, donde queda patente su gran habilidad como dibujante. Personalmente me maravillan sus dibujos tanto como sus acuarelas.


Pero llegaron los nazis al poder y organizaron una exposición en Munich (1938) llamada ni más ni menos que “Arte Degenerado” en la que reunían a todos los artistas expresionistas. Tras esto, Otto Dix fue de los primeros catedráticos en ser destituidos por el régimen nacionalsocialista. Lo tildaron de degenerado y quemaron parte de su obra. Una vez finalizada la guerra, el artista no acabó por encontrar su sitio. No se identificó con el realismo socialista de la RDA ni con el movimiento abstracto de posguerra de la República Federal Alemana. Sin embargo, ambas Alemanias supieron apreciar su trabajo y valorarlo en vida del artista.

Lady with mink anad veil

6 de julio de 2010

Se busca firma para mis próximos trabajos.
He llegado a esta conclusión:


Unos días me gusta y otros no.
¿Alguien me hace crítica constructiva?


Y por el camino yo me entretengo
dibujando historietas...


Unas son versiones de la vida real,


y otras, versiones de ficción
:

2 de julio de 2010

Sabía que el American Folk Art Museum traería algo interesante. Es un lugar pequeño pero intenso a rabiar, comparte muro con el MOMA, y quizá por eso pasa desapercibido totalmente. El caso es que es gracioso contemplar la cola interminable de gente esperando para entrar en el MOMA mientras tu estás casi solito disfrutando de obras anónimas. Bueno, en realidad esto es muy inexacto, tienen autor pero ¿quién conoce a Henry Darger o Judith Scott…? Y estos son los famosos, ¿qué tal Martin Thompson? No tienen estudios, algunos puede que incluso no sepan leer y jamás iban a museos ni frecuentaban círculos intelectuales. Por no salir, en algún que otro caso no salen ni de su habitación. Hasta hace muy poco no eran considerados verdaderos “artistas” y por ello se crean museos especiales para aquellos que no son fáciles de clasificar, son los llamados marginales, aunque personalmente prefiero el término outsider. ¿Qué es arte, que no lo es…? Agotador, pero ¿hay algo más sincero que crear sin saber siquiera que lo estás haciendo? Sin ninguna esperanza de reconocimiento, sin motivaciones económicas … sólo por necesidad de expresión, como escape a un mundo mejor, como ejercicio íntimo de comunicación. Para mí, si esto no es arte en estado puro (o bruto), nada lo es.

Henry Darger (1892-1973)

El museo fundó en 2002 un centro de estudios llamado Henry Darger y ahora le dedica dos exposiciones complementarias. Este peculiar Señor vivia recluido entre las cuatro paredes de su casa en Chicago. El día que el mundo tras su muerte, vio lo que tenía acumulado dentro, flipó. Un mini museo hecho por él mismo con su propia colección de arte. Un pequeño apartamento repleto de obras, cuadritos, objetos, clavados en las paredes con pegamento, atados con cuerdas, colgando del techo, saturando el espacio en definitiva hasta más no caber.


A lo largo de su vida dio rienda suelta a una verdadera pasión por la acumulación de objetos cuyo fin era amasar su desbordante necesidad de conocimiento, aplacar su placer, saciar su curiosidad. Pero no os imaginéis obras de grandes artistas, no, se trata de producción propia (escritos, pintura, dibujos y collages). Todo hecho con materiales modestos y de bajo coste. Creó un mundo exclusivo (literal), lo llamó “La historia de las Vivians, en lo que se conoce como los Reinos de lo irreal, sobre la Guerra-Tormenta Glandeco-Angeliniana causada por la Rebelión de los Niños Esclavos".


Fascinante, no sé si muy legal pero fascinante. Historias para las que recopilaba recortes de periódicos con informaciones diversas sobre tragedias reales. Todo dominado por sus propias reglas, su propia moral.


Su obra te deja totalmente descolocado. Inocente a muy primera vista, te noquea cuando descubres la oscuridad, la profundidad de lo que debió sentir.


Un trabajo donde domina la soledad, probablemente el dolor de los abusos a los que fue sometido en su infancia en el hospicio donde vivió, la crueldad de un mundo que en este caso, el nuestro, es muy real.



Judith Scott
es todo lo opuesto (1943-2005). Sordomuda y con síndrome de Down. Para esta mujer de Oakland (California), éstos no fueron impedimentos suficientes, encontró la forma de superar sus obstáculos hasta dar con la llave que le permitió sacar su poder interior desbordante de creatividad y convertirse finalmente en una artista reconocida, cuya obra se cotiza a precios cada vez más respetables.


Judith Scott

En 1987 comenzó sus estudios en el Creative Growth Art Center, un centro que se dedica al estimulamiento creativo y artístico de adultos con incapacidades físicas. Desde los primeros días destacó en pintura pero lo que realmente despertó su curiosidad fue la clase de Fiber Art (estilo que se centra en el uso de materiales textiles naturales y/o sintéticos, cuerda, etc..). Resultó que Judith tenía un pequeño don que dio rienda suelta a través de la escultura y por medio del uso de cuerdas.


Con esta fórmula original de creación propia, esculpía objetos que encontraba (normalmente robados de sus compañeros) y los envolvía en cuerda de colores cuidadosamente seleccionadas. Muchas de sus obras van en pares, puede que debido a que era hermana gemela.
El resultado son formas poderosas que parecen contener la esencia del objeto de forma bella y refinada.



Por último destacar la exposición “Women only: folk art by female hands”, basada en los trabajos artísticos ejecutados por mujeres en los siglos XVIII y XIX siguiendo las convenciones sociales establecidas. La mayoría de las obras expuestas fueron hechas como demostración de las aptitudes que servían a la mujer para su preparación y desempeñe de sus roles en edad adulta como esposas y madres.

Pero hubo excepciones en las que ellas decidieron seguir sus propios impulsos artísticos. Son pinturas, dibujos, quilts, telares, hábilmente ejecutados. Deliciosos y que requieren de una sensibilidad artística negada por un mundo innegablemente machista (lo siento, intento dominar mi vertiente feminista y la mayoría de las veces lo consigo).

Finishing the Quilt (Nan Phelps, 1904-1990) Nan pertenece a la segunda generación descendiente de Grandma Moses, explora en la memoria como filtro para su expresión artística. Esta artista logró el reconocimiento de su obra en los años 40 por sus retratos detallados de miembros de su familia, desarrollando labores domésticas. Con este lienzo nos invita a participar de la calma íntima de una generación de mujeres que comparten la elaboración de un quilt. Un sentido de comunidad domina la escena, dónde la continuidad queda asegurada por la presencia de una mujer embarazada.

Grandma Moses (Anna Mary Robertson Moses, 1860-1961) fue una renombrada artista folclórica estadounidense. Comenzó a pintar con los setenta ya cumplidos, después de abandonar sus tareas de bordado debido a la artritis. Sus cuadros fueron descubiertos por casualidad y llegaron a ser muy codiciados. Pintaba escenas rurales (muchas usadas por la cadena Hallmark en sus tarjetas postales).


30 de junio de 2010

Experimentos hasta encontrar a los personajes de la historia.


Así como ensayos de movimientos y expresividad.


Mucha práctica, vaya...

28 de junio de 2010

The Metropolitan Museum of Art, NYC

Más cositas que hice en el Met;

Redescubrir a Balthus (1908-2001), lo cuál ha sido todo un placer. Este es un buen ejemplo de cuando hablo de aquellos pintores que tenía semiolvidados y de repente me sorprendo sentada en el famoso banco central de la sala durante un buen rato. Hay una serie de artistas que me van emocionando aún más con la edad (con la mía, claro), supongo que una se hace más sensible o más sentimental.
Balthus fue el intelectual por antonomasia, criado en el seno de una familia de artistas refinados, filósofos e historiadores del arte, cuyo círculo de amistades estaba formado por nada menos que Rilke, Bonnard, Cocteau, etc.
Las mujeres juegan un papel fundamental en su vida y obra. Las retrata insultantemente jóvenes, en posiciones eróticas y voyeurísticas, llegando a escandalizar o cuando menos, a ruborizar en muchísimas ocasiones.

(Theresa, 1938)

Breton y Picasso admiraron su trabajo, de hecho Balthus fue el único artista vivo cuya obra quedaba representada en el Louvre por pertenecer a la colección privada que Picasso concedió el museo.
En 1977 contrajo matrimonio por 2ª vez con la japonesa y también pintora Setsuko, estableciendo su residencia en un Chatteau de Suiza. Desde entonces su vida se volvió mas misteriosa aún.


Cuando admiras su obra no puedes evitar recordar lo que Camus dijo en alguna ocasión sobre su trabajo: “no es el crimen lo que interesa, sino la pureza“. Y en este caso, es totalmente cierto.


Continúo con mi paseo sin rumbo y me encuentro de frente con Black Iris (1926) de Georgia O´Keeffe (1887-1986). Impresiona, ¡en serio!


Su reconocimiento como uno de los artistas más importantes fue temprano, siendo consagrada además como la 1ª artista puramente estadounidense y viéndose todo esto reflejado en su alta cotización en el mercado.
Esta flor refleja su interés por mostrar una visión forzada y monumental de detalles mínimos que de otra forma pasarían desapercibidos.
Es una obra temprana en su trayectoria pero no fue obstáculo para ser de las más destacadas de su trabajo conjunto.
Cuando esta serie de retratos se exhibieron por 1ª vez en los años 20, todos sin excepción quedaron impresionados por su audacia, incluso Stiglitz (el que sería su galerista y coleccionista fiel de su obra).
A pesar de lo que la imagen pueda sugerir, ella negó siempre cualquier referencia sexual en su trabajo. Algo que no fue impedimento para formar parte fundamental del colectivo de artistas feministas propio de los 70.

Como anécdota contaré cuando me sorprendí ante la imagen de mi propia casa vista por Hopper (1882-1967). Manhattan desde Williamsburg Bridge (From Williamsburg Bridge, 1928). Una visión mundana de la ciudad, sin ruido, ni movimiento. Tan sólo una mujer parece descansar pensativa apoyada en su ventana rompiendo la combinación establecida de ritmos y repeticiones que proponen las líneas de los edificios. El formato del cuadro implica que la imaginación continúe la visión de la escena, sus calles, su tranquilidad, tan distinta de lo que realmente yo vivo todos los días. Calmada como jamás veré mi calle, donde el interminable sonido de sirenas, trenes y coches que inunda el puente queda enterrado bajo el son de una salsa caribeña, mientras la gente se sienta en las escaleras de los edificios sin importar la hora del día o de la noche, el olor del pollo frito rodea el ambiente y este calor pegajoso y húmedo te atrapa, dejándote sumido en una especie de sueño perpetuo. Esto sí que es Manhattan.



El roof (o terraza) del museo es desde hace tiempo otra sala más que alberga siempre alguna exposición amena a la que rodea ese marco impresionante que es Central Park y los imponentes edificios de 5th Av. y la 59th Street.
Esta vez los invitados han sido los gemelos Doug+Mike Starn (New Jersey, 1961) . Para ello han ideado Big Bamboo, una instalación específica para el espacio cedido. Es una estructura arquitectónica monumental hecha en bambú, una especie de cabaña gigante dónde niños y adultos pasean, trepan y toquetean mientras se hacen fotos desde cualquier ángulo inimaginable.


Lo llamativo es que los artistas y su equipo siguen ahí construyendo la estructura mientras los espectadores son testigos de lo que ocurre. Sugieren con ello la complejidad y energía que otorga un organismo que va cambiando con el transcurso del tiempo.