24 de diciembre de 2009

Sophie Taeuber-Arp


Roses and stars
Have Sophie´s face

The softness of her life

The purity of her heart


Jean Arp


Por supuesto un personaje así tenía que nacer en el seno de una familia ilustrada bajo el amparo de una madre con carácter, interesada en política e ideas sufragistas. Fue en Suiza (1889- 1943).
Sophie fue una protagonista fundamental del dadaísmo y además hizo mil cosas distintas y todas muy bien: danza, pintura, escultura, fotografía, diseño, arquitectura, docencia…
Puede que se la valorara todo esto en las crónicas de la época pero la historia de las vanguardias lo ha olvidado junto con el trabajo de otras tantas mujeres en el mundo del arte. Ni Wikipedia le dedica más de unas míseras líneas. ¡Imposible consentir que pase por delante de nosotros como tan sólo la esposa de Jean Arp! Por suerte el Museo Picasso de Málaga le dedica una exposición ahora reivindicando su enorme valor.

Conoció al que sería su marido mientras estudiaba danza en Zurich. De la mano entraron en el mundo dada mientras ella además, daba clases en la escuela de Artes y profesiones de Zurich y se encargaba de la organización del plan de estudios de diseño textil de esta escuela. Paralelamente pinta con motivos no figurativos y esculpe, todo con estilo propio, con formas geometrizadas y esquematizadas con referencias africanas y precolombinas. Fue de las primeras artistas europeas en dedicarse a la abstracción geométrica, la cual la integra finamente analizada y depurada con intuición, matemáticas, rigor, humor e ironía.
En colaboración con su esposo diseña espacios interiores, entre ellos el del café L´Aubette en Estrasburgo de estilo abstracto.
Se muda con su marido a un pueblo cerca de París, donde él tiene el taller. Por esta época edita la revista Plastique de estilo abstracto. Pero llega la guerra mundial y se marchan a Suiza. Allí hará litografías con su marido, Sonia Delaunay (otra de las grandes) y Alberto Magnelli. Precisamente es con ella y algunos amigos más con los que había montado una colonia de artistas en el sur de Francia de 1941 a 1943.

Toda esta trayectoria fructífera e intensa acaba dramática e inesperadamente una noche en la que muere mientras dormía por una fuga de gas.
Jean Arp declaró que ella le enseñó el camino de la belleza.
Es difícil resumir todo su trabajo en unas líneas pero tampoco es mi intención. Lo que sí quiero resaltar es la fuerza de su espíritu. Como hay ciertas personas que entienden el arte como algo más que un lenguaje, como una forma de vida ocupando todas sus manifestaciones, toda su energía. Qué vida la suya, qué experiencia, qué libertad de movimiento para poder crear de esa manera imparable. Supongo que esto sí es vivir.




Como anécdota diré que Sophie Taeuber-Arp es el rostro que aparece en los billetes de 50 francos suizos. Billete que se encuentra entre los 10 de Le Corbusier y los 100 de Giacometti. ¿Genial, no?




Foto: E.N. & S.R.

20 de diciembre de 2009

Caspar David Friedrich y el arte de dibujar


Fundación Juan March (Madrid)
Hasta el 10 de enero, 2010


















El año pasado justo por e
stas fechas, en un día de frío y nieve, recorría los amplios pasillos del Staatliche de Berlín, cuando al entrar en una sala, mi amiga se giraba con gesto de sorpresa y admiración. Con su expresión cómplice me estaba diciendo ¡ey, esto te encantará! Lentamente se apartó y apareció en su lugar El monje frente al mar, una obra tan hermosa que te abduce hasta convertirte en ese mismo personaje, entonces te invade una sensación de inquietud, sientes el viento frío rozando tu cara, te conmueves ante el poder de lo sublime, te asusta la escala del espacio, te haces pequeño y la amplitud de la soledad lo llena todo hasta que la sensación de desamparo te vence. Increíble, ¿verdad?
Por esto, cuando supe que la Fundación Juan March organizaba una exposición sobre dibujos de Caspar David Friedrich (1774-1840), decidí que no me la perdería.

La muestra reúne un gran número de dibujos y anotaciones del artista. En general son bocetos que realizaba en sus cuadernos de viaje mientras atravesaba los enormes y misteriosos bosques de la Alemania del XIX.
Era la época de las guerras napoleónicas, en concreto Francia ocupaba ya la mayoría de los territorios alemanes. Esto provocó el despertar de los ideales nacionalistas de los que Friedrich era partícipe aunque conservó siempre su nacionalidad sueca.

En sus anotaciones recogía con verdadera devoción cada detalle de lo que veía, llevándolo al extremo. Maravillosa la atención y el detallismo microscópico que prestaba a cada árbol, rama, hoja que dibuja. Aislados, irradiando majestad, misterio. Temas paganos tratados con una devoción religiosa de la que él era especialmente partícipe. Y no puedes dejar de observar su voluntad de exactitud, cómo logra aislar ese instante en la inmensidad del tiempo y hacértelo llegar dos siglos después al minuto en el que tu rostro se pega al cristal que te separa de la obra, ante la atenta mirada del guarda de seguridad. Quizá era esto lo que inconscientemente trataba de conseguir, cuando apuntaba una y otra vez la fecha de cada dibujo que hacía.
Entonces me vino a la cabeza que precisamente es en esta época de viajes y anotaciones cuando se supone que hubo un intento de suicidio por su parte. Me resulta sobrecogedor que entre tanta naturaleza retratada, la idea de la muerte esté tan presente.
Marcado por ella cuando le roba a su madre primero, a sus dos hermanas más tarde y finalmente a su hermano, ahogado por intentar salvarle al hundirse en el hielo cuando tan solo tenía 7 años. Esto especialmente le despierta para siempre un sentimiento de culpa, haciendo de él un personaje tímido, cerrado, melancólico, atormentado. Aspectos que con la edad acabarían apartándole de su entorno incluyendo a su mujer e hijos.

Friedrich fue el paisajista romántico alemán por excelencia. Perteneció a la 1ª generación de pintores libres, que no pintan por encargo.
Le precede una tradición de pintores centroeuropeos como Durero, que hicieron paisajes cósmicos o sublimes pero a diferencia de ellos, Caspar D. F. se inspira en lugares que conoció de verdad, un realismo inédito hasta entonces. Lo que él pinta en el fondo es el aspecto metafísico, viendo el arte como un vehículo que media entre las dos grandes creaciones de Dios, la naturaleza y el hombre.
Qué mejor manera de acabar que recordando una frase suya que resume todo lo dicho por mí:

“El pintor debería pintar no solo lo que se encuentra frente a él, sino también lo que ve en su interior. Si no logra ver nada, debería dejar de pintar lo que se encuentra frente a él“.

18 de diciembre de 2009

Grrrrrrr... es viernes noche, hace un frío polar ahí fuera, tengo gripe y me quedo en casa. ¡No importa! ¡Escuchando lo último de Bishop Allen a todo volúmen, es mi fiesta particular y no invito a nadie!

Foto: S.R.

15 de diciembre de 2009

Me encanta esta foto de Doris Lessing. Creo que su expresión lo dice todo. ¡Me da tan buen rollo!

14 de diciembre de 2009

Doris Lessing: mi "big sister"

Encontré Dentro de mí olvidado en una estantería. Mi madre lo compró un día de esos en los que, tras entrar en una librería, ojear y desear tenerlo todo aunque nunca encuentres el momento de leer nada, no puedes resistirte y acabas llevándote algo. Lo que se cruce en tu camino hacia la caja. Yo llevaba tiempo con ganas y curiosidad por leer algo de esta señora peculiar, cuya imagen de abuelita rebelde y un tanto snob, con moño propio de mujer con carácter, inundaba los periódicos y librerías tras haber ganado el polémico Nobel en el 2007.
Contenta y sorprendida con el hallazgo, me fui a casa, me preparé un té y comencé lo que está siendo una mezcla de revelación conflictiva dentro, esta vez, de mí.

Doris (permíteme que te tuteé) escribe en algún momento de su biografía cómo Virginia Woolf y Olive Schreiner ejercieron una gran influencia sobre ella. Cuenta cómo en un período concreto de su vida en el que lee compulsivamente, se encuentra con estas dos escritoras como si de dos hermanas mayores se tratase. Papel que ella misma cree ejercer ahora sobre actuales lectoras suyas. Se sentía comprendida de repente por ellas. Y en ese momento, mágicamente, yo también hacía una aparición en este mundo ficticio, participando de la complicidad de aquellas tres mujeres. Ninguna se conoce en realidad, cada una situada en su espacio y tiempo individual y sin embargo, de alguna manera es posible compartir algo íntimo e intangible…

Leer a Doris ha sido como ver una especie de reflejo extraño de mí misma, y a pesar de ello soy consciente de que son dos vidas totalmente distintas. A sus 36 años, decide mudarse a Londres desde su Rhodesia del sur natal, acompañada de su tercer hijo. Un año después publica su primer libro, Canta la hierba.
A sus 36 años, cuando la mayoría ha renunciado a sus sueños adolescentes y pliega la cabeza a la mediocridad de la vida. Ella, en cambio, decide empezar de nuevo en un acto de honestidad hacia sus deseos y sueños.
Despierta mi admiración por su facilidad de palabra. Sin ningún esfuerzo aparente, escribe sus experiencias como si de una conversación amistosa se tratase.
Me consuelo imaginando que si nunca encuentro esa fuerza creativa, y el logro del trabajo no me lleva a ningún sitio, al menos tendré la satisfacción de que alguien, en algún lugar, escribió lo que yo sentí.